Procesando...

Simón, un caso a prevenir

Esta vez quiero platicarles de la historia del perro de mis papás. En el 2002, unos muy amigos de la familia, nos regalaron un Golden Retriever. Recuerdo qué teníamos un jardín bastante grande. Ya contábamos con otros dos perros, una Cocker y un Labrador. Así que optamos por recibirlo y que pudiera tener compañía. A este bello perro, lo llamamos Simón.

Hace 3 años, se nos murió el Labrador, una lástima, pues para nosotros, ese perro era único, y no solo para nosotros, Simón también lo llegó a extrañar, y hasta 2 meses después lo seguía buscando.

Fue tan grata la experiencia de un Labrador, que hace casi dos años, me compre a mi perro (que ya todos conocen), un Labrador hermoso, pero bastante inquieto, tanto, que al verlo me recuerda la película "Marley y Yo". Hacía cual destrozo podrían imaginar (casi tumba un platanal, su casa la dejó toda agujerada, ha hecho un campo de golf en el jardín donde solo le falta el hoyo 18, entre muchas otras).

Lucas, mi Labrador, tenía la costumbre de sacar basura. Simón, aparentemente, no hacía nada, y muy seguramente creeríamos que era inocente de tal atrocidad, pues ya tiene 10 años de edad.

Así fue la historia desde hace 2 años, Lucas haciendo todos los daños de la casa, y Simón tranquilo, sin molestar a nadie, acostado en su cama. Hace 1 mes, Simón empezó a adelgazar, dejando de comer, y perdiendo mucha energía.

Hace unos 15 días, ya estaba hecho un esqueleto, por lo que inmediatamente lo llevamos al veterinario. En la consulta, lo empiezan a checar, detectando que tenía una bola en la panza. Nosotros, tristes, pues aparentemente se decía que era un tumor.

Lo metimos a estudios más certeros, le tomaron una muestra sanguínea y una placa, para poder detectar de lo que se trataba. Efectivamente, existía una bola justamente en el intestino delgado. Pero, increíblemente, se apreciaba un objeto similar a una grapa, cosa que llamo la atención del veterinario.

No existió otro remedió más que operarlo. Una operación bastante riesgosa para su edad. Al saber de este riesgo, nos despedimos de él, agradeciéndole todo el amor, cariño y compañía que nos brindó durante sus 10 años de vida.

Seis horas después de su operación, nos llama el veterinario para avisarnos que la operación fue todo un éxito, aunque las 72 horas posteriores iban a ser vitales. Aunque no creímos lo que nos contó, que fuimos a verlo personalmente.

Cuando llegamos, y vimos, no lo podíamos creer. Fue algo increíble. El doctor extrajo de su panza una bola de basura más grande que mi puño, basura como lo leen. Encontró partes de una correa, tapas de refrescos, plásticos, y hasta la grapa que salió en la placa.

Aparentemente el no hacía nada, sin embargo, también estaba de cómplice con Lucas. Aprendimos una lección importantísima. Jamás dejarle al alcance la basura a nuestros perros, pueden padecer de un sufrimiento inmerecido.

Tomemos conciencia. Cuidemos a nuestros perros. Son los únicos que estarán a nuestro lado toda su vida, en las buenas y en las malas. Démosle una vida digna.

¿Tu perro ha sufrido algún accidente en casa? Participa y déjanos tus comentarios.