Procesando...

Mi historia en el Urban Mushing: Armando de la Torre



Hace poco más de 4 años que llegaron a mi vida mis ahora inseparables compañeras de aventuras. En casa siempre hemos tenido perros como mascota y si bien nunca les faltó techo, alimento, agua, cariño o atenciones nunca imaginé que la relación con ellos pudiera ser tan estrecha y pudieran llegar a ser miembros más de la familia. Me enteré del mushing por casualidad. En una feria tuve la oportunidad de conocer a dos apasionados fundadores del club Urban Mushing Querétaro. Desde un principio supe que esa actividad era para nosotros. Comencé a ir con mis cachorras de 4 meses a los entrenamientos. Tanto ellas como yo quedamos fascinados desde las primeras sesiones.

Día con día, entrenamiento con entrenamiento mi relación con ellas comenzó a hacerse cada vez más fuerte. Tuve la fortuna de asistir a una excursión en manada al mes de haber ingresado al equipo. Ver a los perros convivir y aprender a encontrar su lugar en la manada es algo impresionante.

Ni se diga mi primer campamento con ellas. Es una experiencia inolvidable. Ver a todos nuestros compañeros humanos y caninos trabajar en grupo, como una manada. Ver a mis perras comportarse de una forma en que nuca las había visto. Ese contacto con la naturaleza, tener que buscar leña, agua, un sitio para acampar. Prescindir de la energía eléctrica, de todas las comodidades del hogar, incluso del baño.

Aprendemos a valorar y apreciar lo que tenemos. Todos los campamentos (ahora vamos ya por el sexto) han sido únicos y especiales. Pero hay uno en particular que quisiera compartir. Llegamos de noche a nuestro destino. Montamos un campamento momentáneo sólo para pasar esa noche. Buscamos leña, hicimos nuestra fogata y cenamos. Lo que vino después es algo que no tiene precio. Estábamos en un pequeño valle y nos tocó una noche estrellada. Nos acostamos después de cenar y pasamos cerca de 2 horas sin apenas cruzar palabra entre nosotros, con nuestros perros acostados a un costado admirando lo que la naturaleza nos había preparado para esa noche. No necesitábamos nada más, eso lo era todo.

Salir a correr sólo ahora no tiene tanto sentido. Salir a andar en bicicleta sólo ya no es tan divertido. Falta algo. Salir con mis compañeras ya sea a practicar canicross, bikejöring, rollerblade mushing o de hiking es lo que ahora me llena. Pero no soy yo el único que ha disfrutado y obtenido beneficios a través del mushing. Mis sled dogs también lo han hecho. Son perras muy sanas y fuertes. Son perras equilibradas. Simplemente son perras felices. Cuando me pongo el uniforme para ir a entrenar, ellas lo saben. Cuando tomo los arneses o las líneas de tiro, lo saben, es momento del mushing. Ver su expresión de felicidad al saber que toca entrenamiento es lo que me motiva a seguir adelante.

A lo largo de estos 4 años he conocido a muchas personas valiosas. Convivir con amigos que comparten la misma pasión, los mismos gustos y el mismo amor por sus perros. Y también he tenido la dicha de conocer a tantos perros que han estado en el equipo que sin importar raza, tamaño, edad o sexo han sido importantes. Mushers y sled dogs que han dejado huella tanto en mí como en el equipo. Finalmente puedo decir que a través del mushing he aprendido a conocer mejor a mis "perrhijas", he aprendido a disfrutarlas más y a crear una relación y un lazo que nada ni nadie podrá destruir.