Procesando...

La Educación Canina Tradicional

Tener un perro implica prestar atención a las necesidades de este ser que pretende convertirse en nuestro amigo y, si tiene "suerte", pueda ser un miembro más de nuestra familia.

Me refiero a "suerte" porque no todos los perros y sus dueños tienen la oportunidad de contar con un guía que los oriente a construir una relación prometedora para ambas partes. Muchas veces se encuentran con adiestradores caninos que, en lugar proporcionar herramientas para una relación duradera, ofrecen cambios inmediatos con consecuencias terribles a largo plazo.

El caso que les contaré es sobre Nala, una perrita de raza belga mallinois de 2 años. Su dueña la acompañó a aprender desde los 3 meses de edad. Como Nala es de una raza activa y prometedora, tomó clases de obediencia, guardia y protección, todas estas con método tradicional. A los dos años de edad, mostraba agresión hacia otros perros y se mordía la cola… pero ¿por qué podría estar pasando eso, después del compromiso por parte de su dueña en asistir cada semana a clases, donde convivía con otros perros y además, hacía lo que le gustaba (guardia y protección)?... ¡Si para eso es la raza!

Pues bien, hay muchos factores que la educación tradicional canina no considera y, en mi opinión, la más importante es el respeto. El método tradicional se basa en enseñarle a nuestros queridos amigos que si se equivocan la pasaran realmente mal a través de jalones, toques, golpes, gritos, pero con un premio en la mano del maestro para que no se vea tan feo aplicar toda la técnica intimidatoria. Y es que uno puede llegar a pensar que no es tan malo, ¡total!… yo no lo castigo tan feo como el maestro dice.

Un ejemplo que me gusta dar es: imagínate en una casa con personas hablando en chino y que tu no entiendas lo que pasa, solo te jalan, sientan, echan, y si te equivocas te darán un tirón… ¿no sería más fácil que te enseñaran a hablar chino o, mejor aún, ¡que ellos hablaran español!?

Lo bueno es que Nala tuvo la suerte de contar con una dueña que tiene amigas que les gustan los perros y supieron que hay otra forma... reforzamiento positivo. Este método se enfoca en las cosas que hacen bien los perros: la idea es controlar reforzadores como comida y juguetes de tal forma que se puedan controlar el comportamiento del perro.

Para Nala, el diagnóstico fue miedo a otros perros y ansiedad, esta última provocada por las clases de guardia y protección. El primer día de clase le quité el collar de castigo que usaba todo el tiempo y, posteriormente, pudimos darle la oportunidad de conocer a otros perros de una forma distinta a la que ella estaba acostumbrada. Durante las clases de obediencia, ella era reprimida por mostrar su inconformidad hacia otros perros; su dueña y yo le enseñamos que ella podía acercarse a conocerlos cuando ella considerara que podía hacerlo, a su tiempo, respetando sus decisiones y su lenguaje, mostrándole que podía tomarse el tiempo que considerara necesario. Como parte de la terapia se le proporcionaron Flores de Bach para apoyarla a disminuir la ansiedad, así como juegos de estimulación mental.

Ahora, Nala y su dueña tienen una relación más armoniosa… Sabe cuándo y cómo acercarse a otros perros, pero si no quiere hacerlo, su dueña no la presiona como antes. Lo mejor de todo es que su relación va más allá de un sentado-quieto de 5 minutos o más, se basa en confianza, seguridad y el vínculo entre ambas está fortalecido.

Respetar a nuestros perros implica darle valor a su lenguaje, aprender a comunicarse con ellos y prestar atención a las necesidades que tienen. No todo es una clase de obediencia ni someter al perro en el suelo para evitar que se nos suba al sillón y quiera dominar la casa… ¡eso ya es una teoría vieja!

Tenemos la suerte de que los perros nos perdonan casi todo, hasta habernos equivocado en enseñarles con métodos aversivos y que podamos corregir nuestro camino para aprender la forma en que ellos se comunican con nosotros, porque lo bueno es que si hay otra forma…