Procesando...

Cuando el amor a los perros complica una separación

Lunes, 6 de Julio, 2009

Después de su divorcio, Héctor y Marcela se veían los fines de semana en el parque central. Así quedaron, Héctor tendría una hora para convivir con Lucas, el perro que compraron tres años después de casarse.

Nunca tuvieron hijos, no se dieron las cosas, nunca lo lograron y duraron cinco años de casados pero en los últimos dos el perro se convirtió en algo más que una simple mascota. "Muchas veces los fines de semana los planeábamos alrededor de Lucas. Desayunábamos en la Condesa por llevarlo al parque. Corríamos en Ciudad Universitaria para que hiciera ejercicio. No visitábamos muy seguido a mi mamá porque a su gato no le agradaba Lucas", dice Héctor.

Tiene unos meses de vivir a unos cinco kilómetros de Marcela y Lucas. Aún le da dinero a su ex mujer para el veterinario, la estética canina y las croquetas. El rato que Marcela se lo presta lo ocupa para jugar con él. Lo extraña.

No pelearon por el departamento ni por los muebles. La separación fue cordial, pero cuando llegaron al tema de Lucas, no fue tan sencillo. ¿Quién se lo quedaría, si al final era de los dos?

Héctor confiesa que a pesar de que lo extrañaría mucho, Marcela podría necesitarlo más. "Estaba más acostumbrado a ella, siempre lo traía para todos lados, se lo llevaba al súper y lo dejaba en el coche mientras iba al gimnasio".

Acordaron no hablarse para nada, por salud mental, dice Héctor, pero cada ocho días ella le cede la correa de Lucas.

En el consultorio de Alberto López Díaz, jefe del departamento de Psiquiatría Comunitaria del Hospital Fray Bernardino, hay sentimientos encontrados. No quiere fomentar un rechazo a los animales, ni tampoco a los cuidados de las mascotas, ni satanizar el afecto a éstas, sin embargo, cree que el cariño puede distorsionarse con un afecto exagerado, puede generar una confusión de amor, de ese que sólo se puede tener a otro ser humano.

"Los seres humanos requerimos de llenar las necesidades de compañía, afecto, protección, amor y eso lo encontramos en un compañero, en un hijo o una hija. Si esas necesidades han quedado vacías durante la vida, generalmente se intentan llenar con otra cosa, en este caso a través de una mascota", dice. Explica que la relación que un ser humano puede tener con una mascota tiene un límite y nunca se debe pasar la línea que separa a los seres humanos de los perros. "Sí, es importante protegerlos como lo que son, animales, pero en el momento que invaden espacios que debe ocupar un ser humano como la cama, la mesa o los platos, estamos hablando de un mal enfoque del cariño".

El cuidado en exceso de una mascota puede caer en lo anormal, sobre todo si la persona crea una relación tan estrecha como lo haría con un humano.

Para López Díaz, una mascota nunca sustituirán las compañías afectivas.

Pues algo difícil creo, uno se encariña con los animales de un modo que no puede explicarse, se crea un vínculo afectivo enorme y lo que el Dr. Diaz llama anormal, para otros es normal y lo mejor que puede pasar en la vida de uno. Yo creo que ya es cosa de cada persona como quiera llevar su relación con su mascota y el rol que la mascota jugara en su vida. ¿Qué opinas?, participa y déjanos tus comentarios.

Fuente: www.eluniversal.com.mx